sábado, 8 de septiembre de 2012

El Ave Fénix.


Simplemente, es una nueva vida. Y me siento feliz por los cambios. Amor. Dolor. Pérdida. Depresión. Renacimiento. Reconstrucción. Palabras que han formado parte de mi vida este último año. Explicar cada una de ellas no sirve de nada, dado que tu amor no me sirvió de nada. Simplemente para aprender que le doy gracias al cielo por brindarme una segunda oportunidad de VIDA, porque contigo todo gritaba MUERTE. De mi mente, espíritu, conciencia, pero de lo más importante, LIBERTAD. 



Nada más tengo que pensar mas que. GRACIAS! 



martes, 8 de diciembre de 2009

La despedida.



Hoy hace mucho frío fuera y dentro de mí. Pienso que tal vez siempre fue así pero estaba ciega, entonces ahora sí puedo darme cuenta porque ciertas cosas me fueron abriendo los ojos de a poco.

Quise escaparme un poco de la realidad pensando que todo iba a cambiar con el tiempo, pero ya ves: van a ser 8 meses y todo sigue igual, mal, al menos para mí. Esta carta puede parecerte muchas cosas, incluso una como cualquier otra de las cientos que te mandé durante ese tiempo. Pero este es diferente, es la de despedida.


No me voy por una semana o por dos, me voy de tu vida para siempre porque sé que estoy de más. No me necesitas tanto como yo a ti y muchas veces me dijiste que en las relaciones hay que dar y recibir por igual; no se está cumpliendo esa regla. Siento que siempre sentí más que vos.

Entonces digamos en nuestra relación no existió un equilibrio. A los dos nos gustaba que el otro nos diga cuánto nos quiere, pero ninguno de los dos obtuvo nunca lo que quiso. Nunca fue bastante, no nos alcanzó. Tal vez a ti sí te alcanzó, porque no necesitaste nunca verme. Pero no fue suficiente para mí, que te quise con el alma y no podía verte jamás como solo amigo. Tampoco tuviste en cuenta que además de escuchar “te quieros” hay que demostrarlos.

Shakespeare dijo alguna vez: “no ama quien no lo demuestra”. Creo que describe perfectamente el “amor” que me tenías. Me parece que te hice demasiado caso. Dejé que hicieras lo que quisiste, que vinieras cuando quisieras, que hicieras y deshicieras sin importarte nada de mí.

Además, había muchas diferencias entre nosotros. Pero la más notoria era que yo no me quería nada y tú te amabas demasiado. Tanto que en ti no había lugar para mí. Tal vez encuentres a alguien a quien ames tanto como te amas a ti mismo y ese va a ser el amor verdadero. Es un consejo, si yo no lo aguanté, creo que nadie lo va a aguantar, porque yo con esas cosas soy bastante paciente. Es solo un consejo.

La pregunta es: ¿por qué no me dijiste desde el principio que te habías tomado nuestra relación de otra manera? ¿Por qué no me advertiste? Te hubiera amado menos, te hubiera dado menos. Ahora estoy atada a vos y es un infierno; por eso decido alejarme ahora. Porque si seguimos con esto que no tiene nombre, voy a amarte cada día mucho más y no es eso lo que quiero. Tal vez no tendríamos que haber desafiado a nada ni a nadie, y vos tendrías que estar con alguien de tu edad y yo con alguien de la mía.

Mejor encuentro a alguien que pueda ver a los amigos todos los días, así ellos no me quitan el tiempo que me tiene que dedicar. Voy a tenerlo en cuenta a la hora de elegir la próxima vez.

Lo que más duele es que nunca tuve prioridad en tu vida. Tu felicidad era condición única para que yo estuviera bien. Siempre te tuve arriba, pero yo nunca te interesé demasiado, sino hubieses tenido más ganas de verme. Tal vez tantas como yo. Nunca tuve prioridad en tu vida, mientras que tu fuiste todo en la mía.



Ni como novio, ni como amigo te pude tener; me duele verte, escribirte o escucharte. Este es el último email, espero que sepas que no me adapté a tu estilo de vida, a tu filosofía de vida “Light”, cero obligaciones conmigo. No era eso lo que quería para nosotros.

Yo escribo esto suponiendo que vas a entender porque eres un tipo inteligente. Así que a partir de hoy, voy a empezar de nuevo. No quiero hablar con vos. No quiero verte, no quiero escucharte. No me gustó tu “manera”. Tal vez cuando sea más grande me acuerde de ti y entienda lo que me habías querido decir. Quizás ya lo entendí. Por eso hoy, que quiero decidir, prefiero estar con alguien que me ame a mi manera.


PD. Pero como te amé yo, no te va a amar nadie.

El amor, algo macabro.

No fue muy difícil enamorarme de él, era todo lo que yo quería, lo que necesitaba en ese momento y quizás lo que había necesitado toda la vida, aunque se ocupaba permanentemente de recordarme los 2 años de relación que había llevado anteriormente (“maldigo una vez más esos 2 años que nos separan) y de decirme al mismo tiempo que él sentía lo mismo que yo.

A su modo, fue mi mentor: me enseñó a expresarme, a tomar decisiones importantes y a desarrollar pensamientos lógicos. Pero por sobre todas las cosas, era una eminencia en oratoria y persuasión. Su forma de convencer a las personas para obtener lo que quería era inminente. Y yo, afrontémoslo, era una presa fácil. Triste, solitaria y necesitada de afecto y contención. El lobo había conocido a su cordero.


No puedo decir qué me gustaba más de él: si su forma de hablar o de escribir o el misterio que lo rodeó toda la vida. O quizás, la manera en que me trataba, nunca me habían tratado así: con tanto miedo a que me rompa, con tanta delicadeza, tanta dedicación. Sus frases aún dan vueltas en mi cabeza, en mi memoria: “tus ganas de verme son correspondidas. Yo también tengo ganas de verte pero tenés que aprender a controlar tus emociones/deseos. Es fundamental para tu vida. Tenlo en cuenta”.

Para cada frase mía él tenía una respuesta perfecta, hecha a medida.

“No nos vamos a ver como algo más por ahora, pero no desesperes por eso. No es bueno que creemos una dependencia el uno del otro tan fuerte. Es bárbaro poder estar bien, pero no tiene que ser condición única para estar bien, ¿se entiende?”.

“Bonita de mi corazón, no tengas miedo. El miedo te hace dudar, perder oportunidades: no te deja vivir ni sentir. No temas, aprovecha cada momento como si fuese el último. Cuando lo logres, no vas a sentir más miedo. No más”.

“Hoy somos amigos, hermanos, ¿mañana qué? Seremos amigos, amantes, marido y mujer o nada. Pero amigos podemos ser siempre. Depende, una vez más, de nosotros. cielito, te digo las cosas claras sin mentiras, nunca te mentiría”.

“No te apures a buscar una relación estable. Las cosas se van dando en la medida que nosotros lo permitimos y en el momento que tenga que darse se va a dar. No busques, no fuerces momentos ni decisiones.”

Dicen que el primer amor nunca se olvida. Y es mentira, porque de Spencer me olvidé. Pero de Alessandro…

Nuevo libro "The magic day/un día mágico"


Uff… que difícil empezar a escribir. Bueno, tendría que presentarme.


Antes de decirles mi nombre les voy a decir quién soy. O quién no soy mejor: no soy normal. No soy una mujer a quien las cosas le fueron difíciles en la vida, nunca me tocó sufrir problemas de dinero, ni problemas de divorcios de padres, ni problemas escolares, digamos que siempre tuve una vida lo suficientemente calma como para aburrirme hasta límites insospechados.

Lo cual no quiere decir que no tenga una vida perfecta: muy por el contrario: creo que tanto aburrimiento y tanto “no pasa nada” me llevaron a angustiarme por la nada misma.

El tema es que en vez de salir en las noches o ver televisión yo leo libros. De fantasía y no tanto. Recuerdo de pequeña tomar los libros que mis padres dejaban olvidados encima de mesas o arriba de la televisión. Pero por sobre todas las cosas: tenía y tengo una gran imaginación.

Literalmente y no estoy exagerando, no hay día que no salga con una mariguanada. Lo que más me afectó en mi vida es que por más que no quisiera, en cualquier relación, ya sea de amor o una simple amistad, siempre salía lastimada o decepcionada. Siempre fui demasiado buena, creo que ese fue mi problema. Pero eso no me hacía dejar de creer en el amor ni en la magia de un buen amigo.
Lo que decían de mí me afectaba absolutamente demasiado y seamos sinceros, los comentarios de las personas pueden ser muy destructivos. Tal vez debería enfocarme más en las cosas positivas que estas personas me dieron pero así es el ser humano: subjetivo y con memoria selectiva; casi siempre a lo negativo.

Y siguiendo con mis traumas, mis padres. No es que nunca me hayan apoyado, nada que ver. Siempre estuvieron dispuestos a ayudarme y cumplirme los caprichos. El tema es que mis padres tiraban muy alto. Me decían qué tenía que hacer y qué no. Se empezaron a preocupar por mi aspecto físico pero jamás se preocuparon porque yo no tenía amigas o porque leía demasiado o porque no recibía llamadas telefónicas ni quería festejar mis cumpleaños. Esas cosas parecían no interesarles y se escudaban bajo la oración: “es que es una nena especial”.

Especial. Eso fui siempre, o al menos eso escuchaba que se hablaba de mí. Eso me hicieron creer, o eso querían que yo escuchara, o eso querían que los demás escucharan. Especial. Entonces me hacían tomar clases de piano.

Mis habilidades eran muchísimas: danzas, bailes de todos tipos, futbol, piano, natación, inglés. A los cuatro años empecé a estudiar inglés y poco más tarde a nadar en un club. Era excelente en inglés y mucho más buena en natación. Pronto empecé a competir en torneos y gané casi todas las competencias.

Sí, tengo miedo al fracaso. Por eso odio los exámenes y odio que mucha gente lea este libro y pueda criticarme. Pero con el tiempo y con los retos de mi vida me di cuenta de que lo que piensa la gente no me interesa, o que al menos puedo fingir que no me interesa y puedo hacer que la gente crea que soy autosuficiente. Lo cierto es que me interesa por demás de la línea de lo normal o esperado. Sí, claro. Siempre excediendo esa línea. Esa soy yo, la que excede los límites de lo normal. Pocas veces para bien.

Finales alternativos.

Hoy aprendo a descubrirme, a saber quién soy. Siempre seré absurda, siempre contradictoria: la hija divertida pero problemática de mis padres, la hermana canchera, la novia obsesiva, la mujer superficial, la amiga incondicional, la amante traidora, la virgen santísima, la puta reventada, la concertista de piano, la aprendiz de guitarra, la flaca anoréxica, la gorda obesa. Juego con mis papeles: me analizo con un psicólogo que siento más como un amigo, veo películas incansablemente, me siento sola en el cine.
Juego a sentirme alegre con mis primos, a tener dolor de panza de tanto reírme, a sentirme diva, gorda, triste, miserable, usada, enérgica. A sentirme útil escribiendo, a sentirme inútil cuando me releo, a reírme cuando me decís que te gusta que llore, a maldecirme porque sé que estás enfermo, a odiarme porque me encanta que lo estés. A amarte cuando no te soporto, a odiarte cuando te pareces a mí, a amarme cuando me parezco a ti, a que me cueste respirar cuando te escucho. Me voy. A eso: a sentir. ¿Quién soy? soy yo. ¿Cómo soy? Verás ¡soy tantas cosas!

FINAL UNO:
Finalmente puedo desprenderme de aquel amor obsesivo, puedo ser yo, con mis metas, con mis principios y con mis ganas de ser. Nunca había tenido ganas de ser, todo siempre lo circundó.
Hoy soy libre y me enamora otro hombre. No puedo negar las 340 similitudes que a veces me confunden. Muchas otras el miedo me atraviesa como una hoja de sacapuntas, pero él no está maldito ni es insensible: no hace más que apoyarme. Aún recuerdo con nostalgia a Alessandro y me pregunto qué será de su vida. Me lo pregunto retóricamente, en realidad no quiero saberlo.


FINAL DOS:
Soy útil, fiel, inútil, inteligente, puta, alegre, obsesiva, virgen, hermana, hija, prima, novia, amante, amiga, compañera, confidente, traidora y leal entre otras cosas. Ese es mi modo operativo, así soy: absurda. Me entiendo en mi desorden, en mi incoherencia. Soy todo, depende del día.

Soy absurda. Soy lo que el mundo quiere que sea. Entiendo mis necesidades y que Alessandro me circunda. Entiendo que mi necesidad es él. Que sin dolor no existo, que me consume la melancolía. Que lo único peor que sentir dolor es no sentir absolutamente nada. No soy más que un ser que vive por casualidad. Quiero existir, quiero sentir. Escucho una bocina, es él. Hace horas que lo espero.


FINAL TRES:
Soy útil, fiel, inútil, inteligente, puta, alegre, obsesiva, virgen, hermana, hija, prima, novia, amante, amiga, compañera, confidente, traidora y leal entre otras cosas. Ese es mi modo operativo, así soy: absurda. Me entiendo en mi desorden, en mi incoherencia. Soy todo, depende del día.

Soy absurda. Soy lo que el mundo quiere que sea. Entiendo mis necesidades y que Assejandro me circunda. Entiendo que mi necesidad es él. Que sin dolor no existo, que me consume la melancolía. Absurda porque viví límites desesperados: me tocó un amor obsesivo, perjudicial. Me tocó tocar la muerte tan de cerca hasta perderle el respeto. No me asustó morir: me aterrorizó seguir despierta. Me pregunté cuántos años más iba a vivir, no por miedo a desparecer sino hasta con necesidad de ello. ¿Qué es normal? Amarte tanto y sin explicaciones, sin silencios.

Con esta tristeza profunda e interminable. Eterna, siempre viva. Una melancolía inmortal hasta en los momentos de júbilo. Tristeza que no me abandona, que me ahorca, que me ahoga y aún así no me mata. Quererte tanto hasta volverme loca, perder identidad para cumplir tus deseos, llenarme de tus peticiones y deseando profundamente que el sentimiento desaparezca. Mirándome inexistente cuando por fin la melancolía se va. Rogando que vuelva la tristeza: quiero por lo menos sentir algo. Y algo incluye dolor. Peor que sentirse mal es no sentirse. Y ya no siento.

lunes, 2 de noviembre de 2009


Me pregunté cuánto tiempo más podría durar esto, Quizás algún día, dentro de algunos años, si el dolor disminuía hasta el punto de ser soportable, me sentiría capaz de volver la vista atrás hacia esos pocos meses que siempre consideraría los mejores de mi vida. Y ese día estaba segura de que me sentiría agradecida por todo aquel tiempo que me había dado, más de lo que yo había pedido y más de lo que merecía.


Pero ¿y que ocurriría si ese agujero no llegaba a cerrarse nunca? ¿Y si las heridas en carne viva jamás se curaban? ¿Y si el daño era permanente, irreversible? Me rodeé el cuerpo con los brazos y apreté con fuerza. ¡Como había sido capaz de hacerme esto! Podía haberme pedido que borrara las fotos y haberse llevado sus falsas promesas, pero aun asi nunca podría devolver las cosas al mismo lugar donde habían estado antes de que le conociera.


La evidencia física era la parte más significativa de la ecuación. Yo había cambiado, mi interior se había alterado hasta el punto de ser irreconocible. Aquellas fueron promesas que él no pudo mantener, unas promesas que se rompieron tan pronto como las hizo.

Paris


Carecía de sentido pero Julieta seguía en mi mente cuando fui despertando poco a poco. En vez de moverme, pensé en Julieta un poco más. Me pregunté que habría hecho si Romeo la hubiera dejado, no a causa del destierro sino por desinterés. ¿Qué habría ocurrido si Rosalía le hubiera dado un día de tiempo y el hubiera cambiado de opinión? ¿Y qué habría pasado si, en vez de casarse con Julieta, simplemente hubiera desaparecido?


Me parecía saber cómo se habría sentido Julieta. Ella no habría vuelto a su vida anterior. Yo estaba convencida de que nunca se habría ido a otro lugar. Incluso si hubiera llegado a vivir hasta ser una anciana de pelo gris, cada vez que hubiera cerrado los ojos, habría visto el rostro de Romeo. Y ella lo habría aceptado finalmente.


¿Y qué pasaría si se supiera más de Paris? Si él era amigo de Julieta, tal vez su mejor amigo ¿Qué habría ocurrido si él fuera la única persona en la que pudiera confiar la devastación causada por Romeo, la única persona que la comprendiera y la hiciera sentirse otra vez medio humana? ¿Y si él era paciente y amable, cuidaba de ella?


¿Qué pasaría si Julieta supiera que no podría sobrevivir sin él? ¿Qué pasaría si el realmente la amara y deseara que ella fuera feliz? ¿Y qué pasaría si ella quisiera a Paris? No como a Romeo claro, ya que no había nada similar pero si lo bastante como para que ella deseara que el también fuera feliz.


Si Romeo se hubiera ido realmente para no volver, ¿Qué importaba si Julieta aceptaba o no la oferta de Paris? Quizás ella hubiera intentado conformarse con los restos que le quedaban de su vida anterior. Tal vez eso fuera lo más cerca que pudiera llegar a estar de la felicidad.


Tendría que comprometerme, entregar todo lo qe quedaba de mi, cada pedazo roto. Era la unica manera de ser justa con él. ¿Lo haría, podría hacerlo? ¿De verdad estaba tan mal que intentara hacerlo feliz? Incluso si el amor que sentía por el no fuera más que un eco débil del que era capaz de sentir, aunque mi corazón se encontrara lejos y ausente, malherido por mi voluble Romeo, ¿Tan malo era?

Una disculpa menos/ La verdad


Sentada en el sofá, esperaba una vez más si se resignaba a llamar. Me puse a meditar las veces en que pedí perdón, me humillé hasta el cansancio, que reconocí mis errores. Pero por el otro lado no recibía nada a cambio, solo el desprecio y la indiferencia de la otra persona, aunque no fuera mi culpa, yo pedía perdón. Una y otra vez, siempre caía, ese era mi mayor vicio. Pensé también en todas las veces que me rompieron el corazón, que me ilusionaron, que creí ciegamente en esa persona que estaba parada frente a mi, que me pintaba un mundo de colores y sonidos diferentes e inigualables a los que yo había conocido.


Caía como siempre en ese círculo vicioso de la fé y la desilución. Pero eso no me quitaba la fé en el amor y la amistad eternas. Sabía que aunque haya 100 personas que me defrauden, habrá una que tratará de enmendar todo el daño y me querrá así como soy, ingenua y moldeable.


Esperaba que fuera verdad lo que creía y lo que esperaba, mientras seguía esperando una mayor razón para no seguir estudiando y continuar con este repaso de mi vida. Me levanté del sofá y caminé hacia la cocina a prepararme un café, pues el día lluvioso y de clima frío clamaba por una estancia en casa viendo películas de amor, cuando escuché que sonaba el teléfono.

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-Que esque no lo entiendes?- Le dije desesperada.


-No entiendo que, de que me hablas?


-De todo lo complejo y lo extraño que siento por ti. De todo lo humano e irracional que pasa dentro de mi.- Tenía miedo de continuar, pero mi cerebro no paraba de mandar todas las confesiones, la desesperación, la verdad.


El continuó en un silencio absoluto, así que yo seguí hablando.


-Quiero contarte la verdad, porque al escuchar tu voz me devuelves la vida y mis labios sólo anhelan besar los tuyos, mis brazos luchan por esas ansias de abrazarte y me domina el deseo de correr a ti y llegar hasta donde te encuentres. Sé que no hay lugar más bello que tus brazos, aún en esas noches que me miras tan callado, aunque nada digas.Siento que te amo, no le temo a los encuentros, sin miedo te digo lo que siento, a veces lloro sin razón, queriendo encontrar en tus besos consuelo, porque ya no sé vivir sin ti, porque no soy yo cuando tú no estás.


Me haces sentir única, importante, cuando estoy contigo no pasa el tiempo, ya no vivo en mi mundo, sino en el tuyo, no pienso en la distancia, no pienso en el tiempo. Me doy cuenta que no hay nada más maravilloso que estar a tu lado y despertar queriendo estar contigo, cuando pienso en tus ojos mi piel se eriza, cuando estoy cerca tuyo mi corazón late con fuerza, quiero estar en todos los lugares donde tú estás y en cada estrella depositar un beso para ti. Sólo basta una palabra tuya, una sola, para hacer de éste día el mejor de todos.


Pero el seguía en silencio, sin pronunciar una sola palabra.

POEMÚSICA


El lunes por la mañana, ante la clase silenciosa del señor Keating, Knox Overstreet fue el primero en leer el poema que había compuesto.


Para Chris: Dulzura de sus ojos de zafiro reflejos de su cabello de oro mi corazón sucumbe a su imperio feliz de saber que ella... que ella respira.


Knox bajó su hoja de papel. —Lo siento, mi Capitán —dijo, volviéndose lastimosamente a su pupitre—. Resulta verdaderamente idiota.


—No, es perfecto, al contrario, Knox. Lo que Knox acaba de poner de manifiesto —siguió Keating dirigiéndose a toda la clase—, es de una importancia capital: en poesía, como en cualquier empresa, consagren todo su ardor a las cosas esenciales de la vida; al amor, la belleza, la verdad, la justicia.


Caminaba entre ellos a largas zancadas, volviendo la cabeza a una y otra fila, con las piernas ligeramente separadas como las patas de un compás que estuviese tomándole la medida al aula.


—Y no limiten la poesía sólo al lenguaje. La poesía está presente en la música, en la fotografía, incluso en el arte culinario; dondequiera que se trata de penetrar la opacidad de las cosas para hacer que brote su esencia ante nuestros ojos. Dondequiera que algo esté en juego, ahí se produce la revelación del mundo. La poesía puede estar oculta en los objetos o las acciones más cotidianas, pero nunca, nunca debe ser común.


Escriban un poema sobre el color del cielo, sobre la sonrisa de una muchacha si les apetece, pero que se sienta en sus versos el día de la Creación, el Juicio Final y la eternidad. Todo me parece bien, por poco que ese poema nos dé alegría, por poco que levante un poco el velo que hay sobre el mundo y nos dé un estremecimiento de inmortalidad.

Arjona/Sentido de la vida.

Si, te divertía verme y te gustaban mis besos, y me veías como la perfecta compañera de tertulias, si era tu amiga con derecho, mientras te durara la parranda Yo pensando en futuro, tú en la rumba de esa noche, si me querías un poquito dímelo aunque sea en mail, si a lo mejor te parecía divertida, pero en mi no piensas nunca no te enamoraste de mí, así como yo de ti, no te enamoraste de mí, te enamoraste de ti cuando estás conmigo, de las locuras que hacíamos, de los besos furtivos, de mi risa y tus chistes, de la fiesta y el vino, de las caricias que morían justo al haber nacido Quien ganará la batalla de este amor desperdiciado, tu creyendo que me querías, yo queriéndote creer, si, yo te quería aunque te callaras, y tu te callabas y yo te quería Si le bajaba el volumen a ese ritmo que tocabamos, me temía que el derrumbe podía hacerse aparecer, y lo que antes era pregunta, hoy es una afirmación, no te enamoraste de mí, sino de ti cuando estás conmigo.

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¿Por qué nos preocupamos tanto por los test de inteligencia y por las universidades cuando no dispondremos de un mundo que albergue a nuestros descendientes?¿Por qué la gente se obsesiona tanto por vivir muchos años? ¿Para qué conseguir unos pocos años más de vida? ¿Para pasarlos infelizmente en un geriátrico? ¿De qué sirve preocuparse por el nivel de colesterol, las dietas ricas en fibra, el control de las grasas, los ejercicios aeróbicos, etc.?

¿No tendría más sentido disfrutar del presente, realizarnos cada día, amar y ser amados, y no preocupamos tanto de la salud física en ese futuro incierto? ¿Y si no hay futuro? ¿Y si la muerte es una liberación y un estado de felicidad?

Con esto no quiero decir que nos olvidemos de nuestro cuerpo y que fumemos y bebamos en exceso ni tampoco que abusemos de ciertas sustancias o nos volvamos obesos. Esto nos causaría dolor, aflicción e incapacidad física. Simplemente dejemos de preocuparnos tanto por el futuro. Tratemos de ser felices ahora.La paradoja es que, adoptando esta actitud y sintiéndonos dichosos en el presente, es probable que vivamos más años.Tu y tu alma son como el coche y el conductor. Recordemos siempre que somos el conductor y no el coche. No debemos identificarnos con el vehículo. Este empeño actual en prolongar nuestra vida, en vivir hasta los cien años, en prolongar una relación que ya no sirve y que solo te lastima, es una locura.

Sería como conservar nuestro viejo Ford después de haber recorrido con él más de trescientos mil kilómetros. La carrocería está oxidada, el circuito de transmisión se ha reparado cinco veces, el motor se está cayendo a trozos, y aun así nos resistimos a cambiarlo. Entretanto, hay un Corvette de agencia esperándonos a la vuelta de la esquina. Sólo hemos de bajar tranquilamente del Ford y subirnos al hermoso Corvette. El conductor, el alma, nunca cambia. Sólo cambiamos de coche.Y, por cierto, creo que a ti te está esperando un Ferrari en la calle en este preciso momento